Cómo hacer frente a la inflación estructural

 

 

 

JUANmAmIERLa máxima de cualquier inversor a la hora de poner su dinero a trabajar es la de batir a ese «ladrón silencioso» que es la inflación, que penaliza al ahorrador a largo plazo. La combinación de inoperancia y aumento de precios tiene un efecto erosionador que se ve acentuado con el paso del tiempo, y que genera un daño en nuestro patrimonio que puede llegar a ser irreversible. De la misma manera que las olas más suaves de un mar en calma hacen mella gradualmente en la piedra más dura, la inflación va mermando el capital expuesto a las inclemencias macroeconómicas si este no se pone a cobijo de una inversión adecuada.

Durante la década anterior al año 2021 hemos asistido a un periodo con estabilidad de precios en el que los ahorradores no han tenido que preocuparse en exceso sobre su pérdida de poder adquisitivo, pero esta anomalía se ha visto corregida con fuerza estos dos últimos años.

La guerra de Ucrania y sobre todo la abrupta apertura de las economías tras la pandemia son los principales detonantes de la ruptura en la estabilidad de los precios, que han experimentado una escalada no vista en décadas. Como muestra, el año 2021 cerró con una inflación del 6,5%, y el año siguiente, el 2022, se incrementó en un 5,7%. Es decir, en tan solo dos años la inflación acumulada ha sido mayor que en los diez años anteriores. Pero lo que es más preocupante es si este repunte en los precios puede que no sea meramente transitorio, y se pueda convertir en estructural.

Juanma Mier, experto del Observatorio Inverco